domingo, 21 de junio de 2026

IMPROVISACIÓN: Y SE ME DEJO LLEVAR…

 

Y SE ME DEJO LLEVAR…

Convivir cada día con esa espina dentro de mí supone un gran esfuerzo. Lloro. ¡Sí!, lloro. Confirmo que lloro. ¿Qué paso antes? No muy lejos de mí esta el dolor. Él y yo unidos. Me pregunto por qué somos inseparables. ¿Por qué cuando siento esa sensación en mi estómago me hace ver que algo está mal? ¿Por qué continúa cada día y me recuerda que esto será para siempre? ¿Por qué no confiar que los síntomas sólo serán pasajeros? Quién me pueda decir el porqué estaré dispuesta a escuchar. Pero, nadie puede. Nadie lo sabe. Y cuando digo nadie, es literalmente, nadie. ¡Y cuántas veces he tenido que calmar mi propia ansiedad!

Allí, donde voy él me sigue, pero nadie lo puede ver. Afirmo que lo oculto. Así, pasa desapercibido ante los ojos de los demás. El dolor está constantemente acompañándome. Aunque no lo puedo ignorar, con el paso del tiempo, he aprendido a inhibirlo.

Este malestar no puede paralizarme. Ya no puede. Me pilló siendo muy joven. Ahora he madurado. Supongo que puedo bloquearme un poco. Y será comprensible. ¿Qué hacer? Lo único que miro es dentro de mí y sentir lo que siento sin intentar cambiar nada. Aceptación y autocontrol y avanzar en la vida. Estancarse es muy apetecible. Te quedas quieto y te abandonas. Pero, es un juego muy peligroso. Lo he visto. Te deterioras poco a poco y pierdes fuerza, ganas y te desanimas completamente. ¿Y alguien me avisa? Mi propia autoestima.

¿Y cómo mejorar? Autopercepción.

Verónica

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario