Hoy es jueves por la mañana. El reloj marca las diez en punto. Acabo
de tomar mi desayuno sin demasiada hambre, la verdad. Los huevos estaban encima
de la mesa. Los había acabado de comprar. Cogí uno, lo abrí, le retiré la clara
y la yema la puse en un vaso. Luego, puse unas cucharadas de azúcar dentro del
vaso, donde estaba la yema, claro. Lo batí bien con una cucharilla y ... eso es
lo que comí antes de “un desayuno normal”.
Hacía tiempo que no me tomaba una
yema de huevo cruda. Cuando era pequeña me lo preparaba mi madre habitualmente.
“Es muy bueno para los huesos”, me decía.
En el pueblo vivía una señora que usaba los remedios caseros para ayudar
a otros ante un catarro, malestar de estómago... Era muy buena. Solo con
tocarte allí donde tuvieras el dolor te decía que tenías. Y luego, te decía
cosas como: “deja un vaso de agua en la ventana toda la noche y por la mañana
te la bebes”, cosas así. Y funcionaba. Será por eso que me guste más tratarme un dolor de cabeza
con aceite esencial que tomarme una pastilla; o usar mis conocimientos de masaje y usar la técnica llamada
digito-presión.
Aquella mujer me daba masajes y usaba ventosas que aplicaba en mi
espalda para corregir la escoliosis. Yo, también las uso ahora. Bueno, como
todo va evolucionando, no iba a ser esto diferente. Las ventosas que me ponía
eran simples vasos de cristal. Para colocarlas en la espalda, primero te ponía
un botón; luego, colocaba dentro de uno de los agujeritos una cerilla; después,
encendía la cerilla y seguidamente colocaba el vaso. Ahora, no se usan vasos.
Hay ventosas de cristal que se venden para ese uso y otras de plástico que se
aplican de una manera totalmente diferente. Vienen con una pistola de succión.
Cada ventosa tiene un pitorrito.
Introduces la pistola en el pitorrito
ya mencionado y le das a la pistola. Ésta hace un vacío y de esa manera la
ventosa de plástico queda pegada a la piel. Este es el método que uso para
aplicármelas a mí misma. Tienen una ventaja frente a las de cristal y es que se usan con un alargador que viene
genial para la autoaplicación.
La señora no era muy anciana pero ya tenía bastantes años. Solía ir a
peinarse a casa. Hablaba con mi madre de esto y de lo otro y claro, un día,
tuve que salir yo en la conversación. “Baja”, me dijo mi madre. Bajé las
escaleras y entré en la peluquería. La señora, sin quitarme blusa ni nada, me
tocó la espalda. “Tiene una escoliosis y un hundimiento en tal vértebra”, dijo.
Cuando me ponía las ventosas me quedaba unas marcas redondas de color
oscuro como si se tratara de un moratón. Tardaban en quitarse totalmente, de
dos a tres semanas. No me bastó con las ventosas. Todas las mañanas, durante un
periodo de tiempo muy concreto tenía que tomar un huevo crudo junto con vino
Quina Santa Catalina.
Dale ahora a tu hijo vino con huevo crudo y te saldrán cantares.
Inaceptable. Y el huevo, por favor, cocínalo. No se te ocurra tomarte un huevo
crudo porque puedes parecer alguna enfermedad. ¿Y no será que nos hemos hecho
muy finos?
©
2017 Verónica Serrano. Todos los derechos reservados.
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